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Hay que comenzar esta historia
de la hermandad dejando claro que la misma tal y como la conocemos actualmente
es producto de la fusión de una hermandad de gloria, como es la de la Virgen del
Rosario y una hermandad de penitencia, como es la de la Santa Cruz en Jerusalén y
Nuestro Padre Jesús Cautivo.
La Hermandad de Nuestra Señora del Rosario
es una de las corporaciones más antiguas de la ciudad. Se desconoce la fecha exacta
de su fundación como hermandad de gloria, encontrándose la primera referencia
documentada sobre la existencia de nuestra Sagrada Titular en una manda testamentaria
fechada en 1602, encontrándose en el Archivo de Protocolos Notariales de La Palma del
Condado, a cuyo partido judicial pertenece esta población. En ella se indica por
parte de Don Juan de Acuña, que se digan misas por su alma ante la imagen de la
Virgen del Rosario.
En otro documento de 1626 nos remite a uno de 1610, al testamento de D. Francisco
González, clérigo presbítero de Bollullos, quien el 12 de Noviembre de 1610 funda
una capellanía. En ella, entre otras muchas misas que manda decir a muchos santos,
deja dicho: “…mando por mi ánima otras dos misas Resadas a nuestra Señora del
Rosario.”(sic).
Hay que remontarse a 1634 para encontrar la primera referencia explícita a la
existencia de la hermandad. Concretamente, se trata del informe del visitador del
Arzobispado de Sevilla (a cuya diócesis perteneció esta ciudad hasta 1954, en que
se crea el Obispado de la provincia de Huelva), en el cual se dice que “Ay aquí
quatro cofradías, la del Santísimo Sacramento y un petitorio de las animas del
purgatorio y la cofradía de la Soledad y Sra. del Rosario”(sic). Este documento se
custodia en el Archivo del Palacio Arzobispal de
Sevilla.
Asimismo, y aunque no se ha conservado documentación alguna, es más que probable
la relación que esta hermandad debió mantener con la Orden de Predicadores de
Sevilla, dado que no era posible adoptar una imagen de la Virgen con esta
advocación si no se tenía el permiso expreso y la aprobación de la Orden, tal
como prueban los numerosos litigios que la misma mantuvo con varias hermandades
sobre el particular. Esta situación de obligación se mantuvo hasta mediados ya del
siglo XVIII, por lo que se antoja obvia la susodicha relación. No obstante, la
pérdida del Archivo de la Orden en gran parte en 1936 no ha permitido corroborar
lo que parece tan evidente.
Son abundantes los documentos relativos a la vida de la hermandad durante los
siglos XVII y XVIII, que se conservan sobre todo en el Archivo de Protocolos
de La Palma del Condado, así como en el Archivo Diocesano de Huelva, ello a
pesar de la irreparable pérdida que supuso la destrucción del Archivo parroquial
en los sucesos de la Guerra Civil. Podemos destacar entre estos uno fechado en 11
de Septiembre de 1703, en el que se hace referencia a unos pagos que tiene
pendientes la hermandad desde 1690. La interperlación va dirigida a
“D. Sebastián Rodríguez Origuela, vezino de la misma y sacristán mayor
de la Yglesia Parrochial…i mayordomo de la Cofradía de Ntra. Sra. del
Rosario sita en dicha Igª…”(sic).
De nuevo, el 22 de Mayo de 1708, otra visita del Arzobispado, concretamente del
visitador D. Pedro Goveina y Linares, dice: “Cofradía de Nuestra Señora del
Rosario en dicha Iglesia, hallaronse tomadas cuentas hasta fin de 1704 a Leonardo
de Higuera, hermano mayor quien fue alcansado en 4 reales,
aprobaronse en visita.”
En 1768 el Ilustre Abogado de los Reales Consejos de Castilla, Don Juan Francisco
Dávila Morón, hace testamento y deja dicho en él:”…igualmente mando se den limosna
por una vez a las hermandades de la dicha villa que son el Santísimo Sacramento;
Ánimas Venditas: Nuestra Señora del Rozario…”(sic). Todos estos documentos,
la gran mayoría de ellos donaciones y mandas testamentarias, vienen a demostrar
que la antigua imagen de nuestra titular gozaba de una gran devoción en el
pueblo.
Como le ocurriría a casi todas las hermandades, no ya del pueblo, sino de la región y de
España entera, el conflictivo siglo XIX habría de suponer un largo periodo de crisis,
en el que influían negativamente el nuevo signo de los tiempos y los continuos
cambios políticos y disturbios que sacudieron nuestra nación en la dicha centuria.
La hermandad no es ajena a ellos, y sobrevivió como pudo, alternando periodos de
decaimiento con sucesivas reorganizaciones.
Así, en 1842, hay un documento fechado en 22 de Junio, por el que el Ayuntamiento
afirma haber hecho cumplir la orden del Sr. Jefe político de la Provincia para que
fuesen extinguidas todas las hermandades que no disponían de la aprobación real,
que en nuestro pueblo afectaba a la práctica totalidad de las cofradías del pueblo,
y así aparecen en el Archivo Diocesano los personas que se hicieron cargo de las
imágenes de cada una de las cofradías de la ciudad. Así, el 20 de Julio, Don Manuel
Ruiz solicita hacerse cargo de la Ymagen de M.ª >Santísima con el título del
Rosario…su ropa i útiles pertenecientes a la
Señora.”
Cuatro años más tarde, el 14 de Marzo de 1846, el mismo Manuel Ruiz afirma que “como
Hermano Mayor y Administrador de la hermandad de N. Señora del Rosario de esta Villa
de Bollillos, he recibido de Dª. Juana Garfias la cantidad de sesenta r. vellón por
haver asistido la hermandad al entierro salida de misa y cumplimiento de año de su
sobrino D. José Díaz Naranjo…”
Con este y otros documentos queda claro que, tras un brevísimo paréntesis de forzosa
extinción, la hermandad vuelve a funcionar normalmente. En Julio de 1853 hay una
petición del Hermano Mayor, Don Juan Fernández Maceda (O Maqueda), y un informe
posterior del párroco a tenor de las celebraciones de los cultos y su
procesión.
En 1864, en unas disposiciones sobre el culto en la iglesia, se hace referencia a como
debe hacerse la misa de las candelas:”…No es lícito hacer dos veces la bendición
solemne de las candelas, que según el misal romano se ha de verificar después de
tercia, por tanto la Hermandad del Rosario disponga que sus cirios sean benditos
antes de la misa pro Pópulo.”
Ya en la última década del siglo XIX viene la definitiva reorganización, en 1890,
de la cual queda constancia en el acta que la hermandad conserva, y donde aparecen
los nombres de todos los que protagonizaron la dicha
reorganización.
Como ya dijimos anteriormente, cuando fue incendiada la parroquia en la Guerra Civil
se perdió la documentación relativa a los primeros años Del siglo XX, pero se puede
dar fe de la vida de la hermandad en estos años a través de las fotografías que la
hermandad conserva de los años 10 y años 20, tanto del paso en la Parroquia como de
su procesión por las calles de la feligresía. Así, podemos decir que la centuria
comenzó para la hermandad en condiciones francamente positivas, gracias en gran
parte a la vinculación de la familia Solís ( Y especialmente de Dª. Mª Jesús Solís)
con la corporación.
Con el advenimiento de la II República en España volverían de nuevo los tiempos
difíciles, nuevos tiempos de dificultades que compartiría esta corporación con
las otras hermandades del pueblo. En este inestable periodo de nuestra historia
les fue prohibido a las cofradías cualquier manifestación de culto externo,
obligándoselas a vivir de puertas adentro y con una permanente sensación de zozobra
y angustiosa incertidumbre. Se estaba larvando la tragedia, no sólo para la
cofradía, sino para la nación toda.
Todos los presagios más negativos habrían de cumplirse fatalmente la mañana del
domingo 19 de Julio de 1936, cuando, un día después de comenzada la Guerra Civil,
la Parroquia de Santiago Apóstol, sede de la hermandad desde sus inicios, es
asaltada e incendiada. El fuego destructor se llevó para siempre la Imagen
primitiva de nuestra Titular, Mª. Santísima del Rosario, que tantísima devoción
había despertado durante siglos. Tan sólo la ráfaga y la media luna de la imagen
consiguen sobrevivir al espantoso incendio, así como el paso y los demás enseres
que se guardaban en distintos domicilios particulares, algunos de ellos tan
valiosos como el monumental Simpecado, que aún hoy es orgullo de la cofradía,
y el estandarte. No obstante, el golpe fue demasiado duro para la hermandad,
como lo fue para todas las del pueblo, que tardaron unos años en empezar a
recuperar sus constantes vitales.
Pasada la feroz tormenta, una devota de la Virgen del Rosario, Dª. Ana Ramos
Martín y su hija, Dª. Mª. Jesús Díaz Ramos, encargan al afamado maestro
imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci la hechura de una nueva talla
de la Virgen Santísima, en 3000 pesetas, el 15 de Agosto de 1941. La imagen
es donada a la hermandad en 1942, bendiciéndose la misma y recuperándose ya
plenamente la vida de la hermandad. La c9itada bendición hubo de producirse
en la Capilla de Jesús, al estar todavía la parroquia en proceso de
restauración tras la destrucción sufrida seis años antes, y en cuya capilla
permaneció hasta la total recuperación del templo parroquial. En este
intervalo de tiempo, la hermandad prestó a la hermandad de la Patrona su propio
paso para la salida procesional de Aquella, al haber sido destruido su paso
igualmente en 1936.
Pero no habrían de acabar las penalidades para esta sacrificada hermandad.
Lo que no pudieron enemigos posteriores estuvieron a punto de conseguirlo
personas de dentro de la Iglesia: Varios párrocos llevaron a cabo una tenaz
e inexplicable persecución contra tan antigua corporación, con el objeto de
favorecer a nuevas asociaciones más de su agrado, provocando dolorosos
reveses, como el ocurrido a mediados de los cincuenta. La imagen de la
Virgen había presidido desde tiempo inmemorial la nave de la Epístola,
primero en su desaparecido retablo y, luego, ya en esas fechas, en su
retablo-hornacina flanqueado por los cuadros de los cuatro Padres de la
Iglesia Occidental. El párroco dispuso que la imagen fuera desalojada del
dicho lugar y colocada en un nicho lateral de la misma nave. Con el mismo
criterio le fue suspendida su secular procesión, que llevaba a cabo tradicionalmente
cada 2 de Febrero. Con esta drástica reducción de sus cultos, la hermandad
entra en un periodo de decaimiento, lógico por otra parte, en el que juega
un papel primordial la figura de la siempre recordada Dº. Mº. Jesús Díaz Ramos,
sesenta años camarera de la Virgen, y que mantuvo los cultos, a costa muchas
veces de sufragarlos ella misma durante muchos años, y manteniendo a un pequeño
grupo de devotos, que permitieron que una hermandad tan antiquísima no llegara
nunca a desaparecer. Esto queda probado en los numerosos testimonios gráficos
que se conservan de su ininterrumpida asistencia corporativa a la procesión
del Corpus Christi.
En 1988 tendría lugar el primer aldabonazo para su recuperación. El recordado
párroco, Don Diego Capado Quintana, reclama la presencia de la Imagen de la
Virgen del Rosario para la magna procesión que se estaba organizando para el
día de la Inmaculada, con el que se iba a clausurar el Año Mariano. Después
de casi treinta años la Virgen del Rosario volvería a pasear por las calles
de Bollullos. Era sólo el primer paso.
Mientras todo esto ocurría, paralelamente, un grupo de jóvenes, hermanos de
la hermandad del Rosario muchos de ellos, comenzaba a organizarse para la
creación de una nueva cofradía de penitencia. Así, en las primeras horas de
la tarde del Domingo de Pasión, 17 de Marzo del año1991, tiene lugar un
acontecimiento histórico en el Convento de las Hijas de Cristo Rey, aledaño a
la parroquia de Santiago Apóstol. Unos cincuenta jóvenes, muchos de ellos
antiguos alumnos del colegio que funcionaba en el citado convento, y muchos
también hermanos del Rosario, como ya hemos citado, se reúnen para fundar
una nueva hermandad de penitencia, con una personalidad muy acusada y con
unas características singulares que habrían de revolucionar la Semana Santa
bollullera.
Recurrieron a dos cauces distintos a la hora de abordar qué advocaciones darían
a sus Titulares. Por un lado unieron su devoción a la Santa Cruz en Jerusalén
con la enorme devoción que en toda la comarca existía a la advocación de Jesús
Cautivo-aun estando la imagen en la sevillana parroquia de San Ildefonso-y deciden
dar culto a Dios, Nuestro Señor, bajo el título de Nuestro Padre Jesús Cautivo,
glorificándolo en el doloroso trance de llevar sus divinas manos atadas durante
su cautiverio y el abandono de sus discípulos. Igualmente, deciden dar culto al
Sagrado Madero de la Cruz, instrumento del martirio de Nuestro Señor y símbolo
de Su amor infinito y de nuestra redención, bajo la advocación de la Santa
Cruz en Jerusalén, la cual se convierte desde el primer momento en el escudo
de la corporación-como así lo recogen sus reglas-y en el símbolo que identifica
a la hermandad y a sus cofrades en todo acto público o interno que la cofradía
lleva a cabo.
Por otro lado, y conociendo la crisis que atravesaba una hermandad tan antigua
como la del Rosario, y dado el vínculo que mantenían con ella algunos de los
presentes, deciden proceder a la fusión con la dicha corporación, dando culto
pues, igualmente, a Nuestra Señora en la advocación del Rosario, contemplada
en sus misterios gloriosos y dolorosos. Adoptan la efigie existente como Titular
a todos los efectos y sus antiguas insignias como propias de la cofradía,
de forma que ya se puede hablar, desde ese mismo momento, de una sola
hermandad.
Allí mismo quedan establecidos, como pilares fundamentales para el vivir de la
hermandad el dar culto a sus titulares, procurando que éstos sean siempre lo más
solemnes y auténticos que hacerse pudieran; el realizar anualmente Estación de
Penitencia la noche del Martes Santo, haciéndolo con un espíritu de silencio
absoluto y total austeridad, para mejor meditar sobre la Pasión de Nuestro Señor
Jesucristo, en general y sobre el pasaje que nuestro Sagrado Titular representa,
en particular y, por último, como el tercero de estos pilares fundamentales, la
práctica de la Caridad, tanto hacia los propios hermanos como a todo el que
pudiese estar necesitado, lo cual se materializaría en la creación de la Bolsa
de Caridad, una bolsa asistencial pionera entre las hermandades de la ciudad,
que recibe un tanto por ciento fijo de cuantas actuaciones lleva a cabo la
hermandad, y a la que ésta ha prestado siempre
particular atención.
Allí mismo, en la reunión fundacional, acuerdan encargar la imagen del Señor
al imaginero local y hermano fundador, allí presente, Mario Díaz Cruz. Este
mismo escultor será quien talle también la Santa Cruz en Jerusalén. Animados y
apoyados por el párroco Don Diego Capado, y con la incorporación entusiasta
de numerosos jóvenes se hacen presentes en multitud de actividades de todo tipo,
haciéndose un hueco rápidamente tanto en la vida de la ciudad como en la de sus
hermandades y cofradías.
Noche histórica fue para la hermandad la del 21 de Diciembre de 1991. Esa noche se
bendice la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo, en una función solemnísima con
la presencia de todas las hermandades y autoridades de la ciudad, estando
totalmente abarrotada la parroquia. Desde aquella noche la imagen de nuestro
Titular quedaría albergada en la Capilla del Baptisterio, a los pies de la nave
del Evangelio. Desde ella fue creciendo día a día su devoción. En la misma capilla
quedó también situada la Santa Cruz en Jerusalén, mientras que la Virgen del
Rosario continuaría en su altar de la nave de la Epístola.
No menos importante sería la noche del 14 de Abril de 1992, Martes Santo, en la que se
llevaría a cabo la primera Estación de Penitencia de la cofradía. Tras un año
durísimo, pero tremendamente ilusionante, se consiguió poner en la calle un
dignísimo cortejo, con casi todas sus insignias y un paso acabado en su labor de
carpintería, sobrepasando en todas sus expectativas iniciales, que estaban cifradas
inicialmente en realizar la estación sobre unas sencillas parihuelas. Todo el
pueblo quedó sobrecogido ante el saber estar y la forma de hacer penitencia de
aquellos nazarenos vestidos con negras túnicas y austeros cinturones de esparto, e,
impresionado, siguió su discurrir con un silencio respetuoso.
En 1995 la hermandad tiene que abandonar temporalmente la Parroquia de Santiago Apóstol,
ya que ésta tiene que ser cerrada al culto, debido al mal estado que presentaban
sus cubiertas. Nuestra hermandad, como todas las que allí residían, tuvo que
buscar una sede provisional donde cobijarse mientras durase la restauración.
Se decide el traslado a la parroquia de María Auxiliadora, pero sólo residirá
allí unos meses. Aprovechando la circunstancia coincidente de que aquel año
la imagen titular de nuestra hermandad presidía el Vía Crucis de las
Hermandades, se traslada definitivamente a la Capilla de la Misericordia.
Allí permaneció los años 1995 y 1996, realizando sede allí su Estación de
Penitencia y creando especiales vínculos fraternales con los anfitriones,
la Hermandad del Stmo. Cristo Atado a la Columna. La imagen de la Stma.
Virgen, no obstante, quedó cobijada en la Capilla del Convento de
Cristo Rey.
Fue precisamente en 1996 cuando la hermandad acuerda recuperar la procesión
de la Virgen del Rosario, haciéndolo en Rosario de la Aurora, y con el
acompañamiento de un coro de campanilleros que cantan los misterios del
Santo Rosario, en una procesión de singular belleza, a la luz de la amanecida,
aunque abandonando la fecha en que tradicionalmente había procesionado
para hacerlo desde en la mañana del 12 de Octubre.
En Noviembre de 1996 se dan por concluida la restauración de la Parroquia,
volviendo de inmediato nuestras imágenes Titulares a la que entonces era
su residencia canónica, recuperándose así el acontecer cotidiano de la hermandad,
mientras se trabajaba a destajo en otro de los grandes retos de la corporación,
que vería la luz en el Martes Santo de 1997,
el dorado del paso del Señor.
Cuando se cumplían los diez años de la fundación de la hermandad como cofradía
de penitencia, llegarían otro hito importantísimo en la historia de la Corporación:
el 12 de Noviembre le son aprobadas sus primeras Reglas a la cofradía por
Su Ilma. Don Ignacio Noguer Carmona, Obispo de la Diócesis de Huelva.
Afortunadamente, no sería el único acontecimiento feliz para la hermandad
en ese año: Por esas mismas fechas una devota del Señor y gran benefactora
de la Hermandad, Dª. Rosario Carrellán González, hace donación a la cofradía
de la propiedad del inmueble que, en régimen de alquiler, hacía las veces
de casa-hermandad.
Durante todo el año se conmemoró el X Aniversario Fundacional, en el que se
sucedieron toda una serie de conferencias, mesas redondas, retiros, y otras
actividades que concluyeron con un acto de Exaltación al Nazareno, con el
que se inauguró la exposición conmemorativa que a tal efecto se instaló en
la Casa de Cultura de la villa. Esta exposición permitió reforzar los
vínculos que nos unen al resto de las hermandades, a cofrades destacados
que colaboraron en las efemérides y a las órdenes religiosas con las que
se mantiene una especial relación, como las Hijas de Cristo Rey y La Orden
de Predicadores.
En el verano de 2002 se procedió al derribo de la casa-hermandad, dando
así comienzo al más difícil y ambicioso de cuantos retos ha afrontado la
hermandad, pero también al más ilusionante y gratificante: la construcción
de la que habría de ser la futura Capilla y Casa de Hermandad. En tan
gran empeño la hermandad se sintió confortada por el gran apoyo recibido,
no sólo de sus hermanos, sino también del resto de los numerosísimos
devotos que tienen sus Sagrados Titulares.
Durante el resto del año 2002, todo el 2003 y gran parte del 2004 toda la
hermandad trabajó incansablemente en las obras, convirtiéndose cada dura jornada
de trabajo en toda una convivencia entre hermanos. Finalmente se vería
culminado todo el proceso en el mes de Octubre de 2004, en tres jornadas que
marcarían ya para siempre la historia de la hermandad:
La tarde del sábado, 9 de Octubre, la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo
era trasladada solemnemente, en su paso de salida, a la nueva capilla que lleva
Su nombre. Acompañada, como ocasión extraordinaria que era, por una de las
formaciones musicales de más prestigio en la Semana Santa de Andalucía, la sevillana
Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora de la Victoria “Las Cigarreras”,
y contando con las representaciones de las cofradías hermanas de Jesús Cautivo
de Huelva, Sevilla, La Palma del Condado, y otras poblaciones de la provincia,
la procesión efectuó un recorrido especial, encabezada por la Santa Cruz en
Jerusalén, en el que se vio en todo momento rodeada de una ingente multitud
de bollulleros y forasteros, y en el que resultaron particularmente emotivos
algunos momentos, como las visitas a la Capilla de Jesús y al Monumento a la
Virgen del Rocío. En las primeras horas de la noche, y bajo el tañer incansable
de las tres campanas de su espadaña, el paso que portaba la efigie de
Nuestro Padre Jesús Cautivo entraba por vez primera en su nueva Capilla,
a los sones de la Marcha Real y rodeado del fervor popular, que prorrumpió
en una salva de aplausos.
A las once en punto de la mañana del día siguiente, domingo 10 de Octubre,
en una capilla a rebosar de una gente que ocupaba incluso toda la calle hasta la
casa de enfrente, dio comienzo la solemnísima liturgia de Bendición de la
nueva Capilla de Jesús Cautivo, presidida por Su Ilma. El Señor Obispo, Don
Ignacio Noguer Carmona, y en la que estaban también presentes el Alcalde y
los representantes de las cofradías de la ciudad. En una inolvidable eucaristía,
el Señor Obispo fue procediendo a bendecir los muros y el altar del nuevo
templo, entre la emoción de todos los presentes, particularmente de los miembros
de la Junta de Gobierno, que tanto habían trabajado por ello, y de la
donante que veía también cumplido uno de sus anhelos. Una salva de cohetes
y el repique de sus tres campanas anunciaron a todo el pueblo que el templo
estaba ya consagrado.
Finalmente, en la amanecida del martes, 12 de Octubre, se efectuó el traslado
de María Santísima del Rosario a su nueva sede; por primera vez desde sus albores,
allá por los finales del siglo XVI o principios del XVII, la Virgen del
Rosario abandona los muros de la antigua parroquia para residir en su nueva
Capilla. Recibida por una lluvia de pétalos en flor la Virgen entró por
primera vez en el que ya habrá de ser su hogar, saludada por el canto de
los pájaros y el repique de las campanas. Oficialmente se había
consumado el traslado material de la hermandad a su nueva sede
canónica
Desde aquellos días, La imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo preside el
Altar Mayor, cosa que hará en un futuro desde el retablo que se habrá de
construir, mientras que la Virgen del Rosario se sitúa en el segundo
altar del muro de la Epístola. En el primer altar del muro de la Epístola,
anejo al Presbiterio, se encuentra en su altar la Santa Cruz en Jerusalén.
Es preciso destacar que nunca, ni cuando la hermandad estaba dando sus primeros
pasos y se encontraba falta de numerosos bienes materiales, propios de este
tipo de asociaciones, ni más tarde, cuando se hallaba inmersa en el proceso
de construcción de su capilla nueva, nunca-repito-abandonó la hermandad su
labor asistencial; nunca descuidó el asistir económicamente a través de su
Bolsa de Caridad a cuantos han solicitado su ayuda ha estado en su mano el
remediarlo. Baste recordar no sólo las ayudas para comida y gastos propios
de la casa-como luz, contribución, etc-, sino también las asistencias
médicas y los estudios y carreras que se han financiado, así como las
numerosas ayudas a los inmigrantes que llegan a la localidad para las
campañas agrícolas, materializadas sobre todo en su campaña de
navidad.
En el Cabildo General Ordinario de Reglas, celebrado en la noche del 21
de Diciembre de 2004, se acuerda por total unanimidad solicitar la agregación
de la Capilla de Jesús Cautivo a la Iglesia de la Santa Cruz en Jerusalén
de Roma. Para ello se considera sobre todo la coincidencia que se da con
ésta del culto a la Santa Cruz en Jerusalén, además del inmenso honor que
para la cofradía supone estar vinculada a un templo de tantísima tradición
y solera, uno de los más antiguos de Roma-y por tanto de la cristiandad-que
se cree fundado por Santa Elena y la alegría de poder compartir con él
sus beneficios e indulgencias.
Desde antes incluso que fuesen aprobadas sus primeras reglas, la hermandad
ha procurado no sólo guardar el inapreciable tesoro de fe católica y de
caridad de sus fundadores, sino acrecentarlo y enriquecerlo para así
transmitirlo a las sucesivas generaciones.
Al mismo tiempo, la vida de la hermandad ha estado encauzada siempre bajo normas
tan rígidas y severas que se hizo acreedora del respeto y la consideración de
las gentes, ante las que continúa explicando, con anual lección de austera
penitencia, cuán grande, profundo y sincero es el sentimiento religioso de
la Semana Santa y qué lección de amor se encierra en el drama salvífico de
la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, de la que es símbolo imperecedero la
Santa Cruz en Jerusalén. Esto lo ha manifestado la hermandad continuamente
en el tiempo de su existencia, tanto en lo referente a sus cultos como en
el dinamismo de su pionera Bolsa de Caridad y en lo relativo al severísimo
orden de su Estación de Penitencia.
El próximo Martes Santo, cuando la cofradía salga por primera vez de su
nueva capilla, la hermandad continuará escribiendo paso a
paso su historia.
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